Capitulo II. Nuestro encuentro

 Al salir de la universidad, tuve la oportunidad de irme a Monterrey, ha sido una maravillosa experiencia, pero pesó la idea de titularme pronto y allá, poco iba a lograr en cumplir ese objetivo, por lo que, decidí regresarme a la CDMX y busqué titularme con prácticas profesionales.

Me ha gustado que desde que salí al ruedo, dije, quiero la mecánica de suelos, esto es hermoso, es aplicar mis conocimientos ingenieriles en conocer el subsuelo para dar una pequeña aportación a los seres humanos con el planeta. Pensé que era una sinergia perfecta.

Entré a una empresa que puedo decir al día de hoy, es de las mejores de este país en cimentaciones profundas, y no quiero ponerme técnica, pero me ha traído muchas grandes experiencias, entre ellas, nuestro encuentro.

Decidí meter mis papeles para mis prácticas y he tenido tanta suerte que a la semana de haber entregado mis documentos, me han llamado. ¡Estaba dentro!. Me asignaron a obra, una becaria con oportunidad de ser contratada después de un año de haber laborado en la empresa. 

En mi primer día, entré al camper y te vi, no sabía quién eras pero me pidieron esperar al personal de seguridad para mi curso de inducción y, no me quitabas la mirada. Recuerdo sentir nervios y esperar que alguien entrara para dejar de sentir tu ojos en mí.

Entró el personal a cargo del área y me explicó los lineamientos a seguir para cuidar de mí y de los demás en la obra. Recuerdo que estaba tan emocionada que detallaba cada palabra en mi cabeza y perdí completa atención a tu mirada. Al final, me enfoqué en las tareas por aprender e intentar dar lo mejor de mí a cada actividad asignada.

Recuerdo que de mis primeras tareas fue ayudar a entregar los generadores de obra de mi compañero becario francés, esto provocó que nos hiciéramos muy amigos y me divirtiera mucho a su lado. 

Al día de hoy puedo tener claro que él fue clave elemental para que tu y yo, conectáramos.

Nos vimos varias veces pero jamás nos hablamos, recuerdo que mi nuevo amigo francés me dijo que eras chido pero yo no me quitaba de la cabeza que la primera vez que recuerdo haberte escuchado hablar, fue de tu auto último modelo y de la película transformers. ¡Qué presumido y mamón! - Eso pensé.

Un día, tuve que imprimir unos planos para salir a revisar a campo y me apoyaste, me pareciste amable.

Después de eso, fue nuestro amigo en común quién organizó irnos a conocer Taxco, quería que fuéramos varios y al final terminamos yendo los tres. Se dió todo para mi cumpleaños y la pasamos juntos. Fue mi primer festejo lejos de mi familia y me encantó vivirlo juntos.

Empezamos a conversar tanto los tres que me pareció increíble nuestro viaje y me caíste de maravilla. Al parecer lo fresa solo era en el trabajo.

Ese fue el inicio de todo, salimos más y más,  pensando que ya era momento de partir de nuestro amigo a Francia y le hicimos una despedida en Garibaldi. Fue un desastre, todos terminaron borrachos y tomando fotos de nuestros jefes borrachos. Recuerdo que nuestro amigo nos dijo que eso era triste, al final ibamos a divertirnos, no a burlarnos de nadie.

Creo que esa mentalidad me encantó.

Tu terminaste tan borracho que me robaste un beso borracho y yo me retiré en seguida para ir a llorar. Recuerdo esas preguntas claramente: ¿Lo quieres? ¿te gusta? y yo, no, no puede gustarme, es mi amigo. Su respuesta fue: "Sé fiel a ti misma, que no te importe lo que digan los demás."

Llegó el momento de la partida a Francia y se me partió el corazón, decidí alejarme de ti para conservar nuestra amistad y que no volviera a presentarse un desliz como el de la fiesta de despedida.

No funcionó.

Me buscaste, te fuiste directo a pedirme una cita para hablar y aclarar las cosas. Fuiste directo y romántico, terminé diciendo que sí a la propuesta de conocernos sin nuestro amigo de Francia.

Tres meses después, me regalaste a la pomerania más bonita de la historia y seis meses más tarde pediste mi mano en un restaurante que parece casitllo Inglés en Polanco a la luz de las velas y de fondo con la canción de Tú de Shakira y un anillo divino.

No pude rechazar tanto amor.

Esos meses puedo decir que fueron los mejores de mi vida con una pareja. Viajamos, no dejamos de planear nuestra vida juntos, nos llenábamos de detalles con todo lo que podíamos, iniciamos a planear nuestra boda, al final fueron nuestras bodas, una aquí y otra en dónde vivían tus papás.

Me enamoré como me enseñó la sociedad que debo amar y me alisté con todo lo que me dijeron que tenía que ser para estar con alguien más.

Te amé como solo Molly pudo hacerlo a sus 23 años y como nunca más lo volverá a hacer.

Esa mirada, ese contacto por medio de nuestro amigo en común y el empezar como amigos, me pareció de las cosas que más me gustaron de cómo me empecé a enamorar de ti, como entiendí que desde el principio, yo también te vi, solo que no quise darte importancia. Hombre, yo quería titularme, no casarme y al final, me casé.


Comentarios

  1. Qué triste la vida de alguien que romantiza al hombre que la golpeaba, convirtiendo en pseudo poesía el maltrato que sufrió, casi haciéndonos olvidar que era violencia y no amor. Qué bonito te amas Momoy, como todos a tu alrededor

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